*por Alejandro Busto Castelli
En
los tiempos que soñaba en blanco y negro
me
resultaba difícil reflejarme en los espejos... por pequeños, por falsos...
Tan
falsos como las palabras rieles, sobre la que deambulan los trenes que no van a
ninguna parte.
En
los tiempos en que mis aguas no tenían olas,
ni
siquiera sabia que los espejos se empañan, se ensucian, deforman las líneas,
así que lo que veía en ellos, bien visto estaba.
En
los tiempos que dormía en extrañas camas húmedas,
me
complacía poblar todas mis paredes de espejos multiformes, quizá con la
esperanza de que a la vuelta de un segundo esquina de mi vida, me golpeara como
un puño lo que en ellos se definía.
Pero
no lo conseguí.
Y
no fue ni con la cantidad, ni con el tamaño, ni con su verdad manifiesta, ni
siquiera con lo mucho o poco que se empañaran mis espejos...
Solo
empecé a dibujarme en ellos el día que supe... que vivías.
Poco
a poco tu... y entonces yo, una línea...
Paso
a paso tu... y entonces yo, un brillo...
Día
a día tu... y entonces yo un triunfo.
Limpiaste
mis espejos con tu dolor,
secaste
mis sabanas con tu llanto,
pusiste
con tus miedos, todas las olas que necesitaban mis putas aguas tranquilas.
Cogiste
la paleta de la vida enrabietada, para poner...
hoy
un rojo, ayer un azul, mañana un verde, en mis tristes grises sueños.
Y
te subiste con mucha dificultad, a un banquito, para ponerle a mi tren un
cartel de “Destino: Viejitos”, solo con la condición que te comprara a ti también
un billete.
Con
tu sombra a veces, con tus luces siempre, haces del tenerte ese nuevo sitio
donde no me empaño, no me desdibujo...no me muero.
Ese
rincón que el bichito de luz me construyo...
como
el único lugar donde de verdad existo.
* Escrito en Octubre de 2003

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